La memoria envuelve la justicia

El 4 de diciembre de 2016 más de doscientas personas envolvimos el Palacio de Justicia en Bogotá con cientos de tejidos testimoniales elaborados por mujeres víctimas del conflicto armado colombiano. La memoria envuelve la justicia, repetimos una y otra vez, como un mantra. Caminamos despacio, uno al lado del otro, sosteniendo las memorias bordadas, provenientes de todas las regiones de Colombia. Las cargamos como pancartas y cubrieron nuestros cuerpos como lo hacen los vestidos. Construimos una historia efímera de la guerra, a partir de los recuerdos, las denuncias y las esperanzas de las tejedoras.

Puntada a puntada, ellas han hecho visibles desapariciones, violaciones sexuales, crímenes y desplazamientos forzados, que los archivos judiciales y los medios de comunicación han dejado por fuera. Aunque la mayoría de las sobrevivientes del conflicto armado en Colombia son mujeres, sus historias sobre el impacto de la guerra en sus familias y en sus propios cuerpos son desconocidas por muchos colombianos. Es una guerra que sufren otros, en el campo, lejos de las grandes ciudades. Ese día, las tejedoras nos cosieron una segunda piel y nos convirtieron en testigos de su lucha contra el olvido, la injusticia y la impunidad.

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En una tela rectangular de gran formato, están bordadas en amarillo las letras de la palabra “Desplazamiento”. El título encabeza una historia hecha a partir de retazos de tela coloridos y de diferentes texturas. Hay un sol grande y parcialmente escondido con dos manos blancas en el medio que simbolizan la intervención y la presencia en la tierra de Dios. Tres figuras blancas sobrevuelan la escena como fantasmas o presencias del más allá. Su mirada interpela pues está dirigida al espectador. El fantasma del medio se enfrenta a un hombre vestido de negro que está armado y que le ha perdido el miedo a Dios.

“Desplazamiento”, Tejedoras de Mampuján, 2009. Fragmento. Foto por Francisco Escobar.

“Desplazamiento”, Tejedoras de Mampuján, 2009. Fragmento. Foto por Francisco Escobar.

El tapiz, hecho por las Tejedoras de Mampuján, narra hechos ocurridos el 10 de marzo de 2000. Ese día, un grupo de 60 paramilitares del Bloque Montes de María llegó al corregimiento de Mampuján, Bolívar, y ordenó a sus habitantes desplazarse a más tardar en la madrugada. Según el testimonio de los pobladores, los ‘paras’ violaron a varias mujeres. Estos hechos produjeron el desplazamiento de más de 300 personas. (Verdad Abierta)

“Desplazamiento”, Tejedoras de Mampuján. 2009.

“Desplazamiento”, Tejedoras de Mampuján. 2009.

Durante 10 años Blanca Nieves Meneses enterró cruces en las fosas comunes que se encontraba mientras buscaba a sus cuatro hijas desaparecidas en Putumayo, al sur de Colombia. Meneses y su única hija sobreviviente, Nancy Galarraga, buscaron a sus hijas y hermanas desde el 2001 la tarde en que un grupo de paramilitares entró a su casa y se llevó a las hermanas Nelsy Milena, Mónica Liliana, Yenny Patricia y María Nelly.

Blanca Nieves y su hija Nancy, la única hija que no se llevaron ese día, lograron que la Fiscalía llegara al lugar donde estaban enterradas las cuatro hermanas[1]. Las investigaciones forenses concluyeron que las hermanas Galárraga habían sido torturadas, violadas y asesinadas. Su ropa estaba rasgada y los cuerpos de las mujeres habían sido desmembrados (Testigo directo). Durante la búsqueda, Blanca Nieves también se soñaba con sus hijas fragmentadas (Testigo directo). En sus sueños, una de ellas se quitaba la ropa para mostrarle una gran herida en su pecho y cuando su madre buscaba un trapo para curarla, la hija desaparecía.

Ese mismo año, tuvo la idea de coser una colcha a partir de algunos pedazos de la ropa que sus hijas dejaron guardada en el closet. Cortó las prendas de diferentes tamaños y formas y las cosió, formando un rectángulo.

Colcha elaborada por Blanca Nieves Meneses, 2010.

Colcha elaborada por Blanca Nieves Meneses, 2010.

En la colcha también hay fotografías de Blanca Nieves y su familia rodeando un poema escrito por su hija Nancy, cosido por pedazos. El poema no sólo narra la dolorosa memoria, a través de la metáfora de las hermanas como semillas y más adelante como girasoles, sino que también hace pensar en la compleja relación entre los campesinos, sus tierras y territorios en medio del conflicto armado. El trabajo de cultivar la tierra ha sido interrumpido y reemplazado por el trabajo de buscar a sus familiares bajo la tierra; incluso en lugares donde los funcionarios de la Fiscalía no llegan por la amenaza latente de las minas antipersonales.

El uso de la ropa de sus cuatro hijas asesinadas, evoca la ausencia; lo que quedó de ellas. También hace visibles los trazos de vida de quienes las usaron: las telas que están ligeramente desteñidas, las pequeñas motas e hilos y los botones que se cayeron con el tiempo. A diferencia del rasgamiento, y por lo tanto, de la fuerza desmedida de los paramilitares, ella fue minuciosa en recortar las prendas y después en hacer las costuras que unen estos pedazos. Así como en su sueño, la madre trata de curar la herida de una de sus hijas; en su tejido la madre resana lo que le quedó de sus hijas.

Blanca Nieves con su colcha de retazos en proceso. Fragmento de la colcha de retazos.

Blanca Nieves con su colcha de retazos en proceso.

Fragmento de la colcha de retazos.

La historia de esta familia y la colcha tejida por Blanca Nieves Meneses, siguen siendo un referente para otras víctimas que les piden consejos y palabras de aliento para encontrar a sus seres queridos[2]. Así mismo, han inspirado a defensores de derechos humanos como Claudia Girón, quien conoció el trabajo de Blanca Nieves en un viaje al Putumayo.

A raíz del encuentro con Blanca Nieves Meneses y otras víctimas en la región del Putumayo, Claudia Girón, en ese entonces directora de la Fundación Manuel Cepeda Vargas, Francisco Bustamante, encargado del trabajo de pedagogía de la Memoria de la Asociación Minga, y Ana María Ramírez de la organización FEDES, iniciaron el Proyecto del Costurero Kilómetros de Vida y de Memoria en Bogotá, en el año 2013. El título hace referencia a las grandes distancias que han tenido que recorrer las víctimas del conflicto armado en todo el país. El objetivo del Costurero es crear un espacio donde las víctimas residentes en Bogotá puedan sentarse a tejer y a conversar con ciudadanos de otros contextos, con el fin de compartir sus historias. A través de los años, el Costurero ha generado amistades; como dijo Cruz Elena Alzate: “acá uno comprende que no es la única; que somos muchas más, y que nos podemos unir. Somos como aves de un mismo plumaje” (citado por Montaño).

Desde el inicio, el objetivo principal del Costurero Kilómetros de Vida y de Memoria ha sido producir kilómetros de telas bordadas para envolver el Palacio de Justicia, con el fin de resignificar el concepto de justicia a partir de una acción pública. El Palacio de Justicia, sede y símbolo del poder Judicial en Colombia, representa un pasado doloroso para muchos colombianos, especialmente para los familiares de los doce desaparecidos a raíz de la toma del Palacio por parte de la guerrilla del M –19 y de la retoma del Palacio por parte del Ejército, los días 6 y 7 de noviembre de 1985.

La idea tomó fuerza durante la exposición de tejidos testimoniales “La vida que se teje”, curada por Roberta Bacic, Isabel González y Beatriz Elena Arias en el Museo de Antioquia. La muestra, que tuvo lugar del 11 de mayo al 10 de julio de 2016, reunió 85 piezas provenientes de diferentes regiones de Colombia y de otros países latinoamericanos, afectados por conflictos sociales, políticos o armados, como Chile, Perú y México.

Algunos representantes de los costureros regionales,  reunidos en Medellín para conformar la Red de Tejedoras por la Memoria y la Vida.  Foto de Sara Castillejos, Focos Narrativos.

Algunos representantes de los costureros regionales,  reunidos en Medellín para conformar la Red de Tejedoras por la Memoria y la Vida.  Foto de Sara Castillejos, Focos Narrativos.

Como parte de la programación del evento, líderes de varios costureros regionales del país, localizados y contactados por Isabel González y Beatriz Arias, se reunieron para conformar la Red de Tejedoras por la Memoria y la Vida. Se propuso que el objetivo de esta Red fuera crear acciones colectivas y pacíficas de empoderamiento político, con el fin de promover procesos reparadores de resistencia civil, a partir de la fuerza narrativa y la riqueza expresiva del tejido (Arias 2017). Bajo esta premisa, acordaron elaborar tejidos para envolver el Palacio de Justicia en diciembre, partiendo de dos preguntas: ¿Cómo podemos contribuir los ciudadanos desde nuestros quehaceres cotidianos a la construcción de la Paz en Colombia? y ¿Cuáles son nuestras exigencias frente al Estado y los grupos guerrilleros para cumplir con lo pactado en los Acuerdos de Paz?

Mientras tejedoras de todo el país pensaban y respondían estas preguntas, el presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timochenko, líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), firmaron el Acuerdo de Paz para ponerle fin a una guerra civil de más de cincuenta años. Según la ley, el Acuerdo debía refrendarse en un plebiscito que se llevó a cabo el 2 de octubre de 2016. Con un pequeño margen de diferencia, y en las zonas menos afectadas por la guerra, la mayoría de los votantes rechazó el Acuerdo de Paz, y éste quedó en el limbo hasta finales de noviembre, tras una renegociación.

Durante los dos meses de incertidumbre, un gran número de colombianos se manifestó a través de una variedad de formas. El 12 de octubre, comunidades de víctimas de todo el país viajaron a Bogotá para reunirse en la Plaza de Bolívar y reclamarle al Estado el cese al fuego. La Plaza se transformó en un espacio de protesta permanente, al punto que un grupo de personas decidió acampar hasta que se firmara el nuevo acuerdo[3].

Tejedoras del Costurero Kilómetros de Vida y de Memoria en la marcha para las víctimas del 12 de octubre. Foto tomada de su Facebook.

Tejedoras del Costurero Kilómetros de Vida y de Memoria en la marcha para las víctimas del 12 de octubre. Foto tomada de su Facebook.

El domingo 4 de diciembre, una semana después de que se firmara el nuevo Acuerdo de Paz y se dispersaran los protestantes que habían estado acampando en la Plaza de Bolívar, alrededor de treinta tejedoras de todo el país –pertenecientes a la Red de Tejedoras por la Memoria y la Vida- se reunieron en la Plaza de Bolívar. Unieron todos los tejidos hechos hasta el momento y terminaron los 420 metros de tela necesarios para envolver el Palacio de Justicia. Los tejidos eran de diferentes medidas y presentaban un conjunto de varias escenas, o un momento preciso de las historias familiares y comunitarias de las participantes.

Cuando alrededor de cien personas nos alineamos frente al Palacio, empezamos a caminar despacio, cargando más de 300 tejidos, uno al lado del otro, intercalados con fotografías de los desaparecidos del Palacio de Justicia.

Foto: El Espectador, 4 de diciembre de 2016.

Foto: El Espectador, 4 de diciembre de 2016.

El conjunto de tejidos narraba múltiples tragedias: desde crímenes de Estado y tomas paramilitares, hasta la masacre de Bojayá, plasmada específicamente en el Telón de la Memoria de Bojayá, una tela bordada con los nombres de las 84 personas que murieron cuando las FARC lanzó una bomba a una iglesia, donde se refugiaban cientos de civiles inocentes. La secuencia exponía múltiples discursos y gestos creativos, resaltando la particularidad y la diversidad de las experiencias de la guerra en diferentes comunidades y regiones del país.

En las zonas rurales afectadas por el conflicto, los hombres dominan los espacios públicos y las mujeres ocupan los privados (GMH 36). El tejido, una labor íntima y doméstica relegada a las mujeres por ser considerado meramente decorativo e inofensivo, es comúnmente percibido como una artesanía, o, en el mejor de los casos, como arte popular. En los costureros de estas mujeres, tejer continúa siendo un acto íntimo, pues aunque la capacidad de sentir dolor sea tan contundente como la capacidad de sentir hambre, si no se pueden traducir los acontecimientos dolorosos a través del lenguaje, entonces no se puede pensar en ellos, no se puede hablar de ellos y no se puede compartir la experiencia con otros. La experiencia traumática señala estos límites del lenguaje mediante los silencios posteriores o los abismos que dividen la memoria de su contexto más próximo; sentir dolor es una sensación aislada, interna y solitaria. Las palabras son escasas y poco precisas para comunicarlo (Scarry 5).

Con la intención de exponer sus tejidos en el espacio público o de sacarlos de los espacios cerrados en los que se reúnen, las tejedoras convirtieron su trabajo en un acto político de denuncia y de resistencia a la continua violación de los derechos humanos en Colombia. La Plaza de Bolívar se plantea como un espacio de lucha, de encuentro y de construcción con otros ciudadanos. De esta manera la plaza se re-significa, se convierte en el medio para la transmisión de un discurso político que interactúa con sus receptores y se re-construye constantemente. El acto de las tejedoras fue activador de la conciencia para visibilizar, enunciar y denunciar.

Desafortunadamente, la acción pública de La memoria envuelve la justicia, tuvo poca repercusión en los medios de comunicación nacionales y no fue cubierto por ningún medio internacional. Si bien algunas notas informativas fueron publicadas en la prensa, no tuvo el mismo impacto mediático que otras manifestaciones artísticas en la Plaza de Bolívar, como por ejemplo la obra Sumando Ausencias de la reconocida artista colombiana Doris Salcedo, realizada en la Plaza de Bolívar el 11 de octubre de 2017.[4] Salcedo convocó voluntarios para escribir con ceniza los nombres de casi 2000 víctimas del conflicto armado colombiano sobre rectángulos de tela blanca, que después fueron cosidos por miles de personas para conformar un gran manto que cubrió por completo la Plaza. La acción duró un día y el manto fue retirado esa misma noche.

Salcedo propuso una atmósfera silenciosa en la que los participantes estaban concentrados cosiendo las telas, en una meditación respetuosa por los miles de colombianos que se ha llevado la guerra. El acto de las integrantes de la Red de tejedoras, en su gran mayoría campesinas silenciadas durante años, buscó gritar a los cuatro vientos la impunidad y la injusticia con el fin de recordarle a los colombianos y al Estado que a pesar de todo, ellas siguen vivas. Aunque ambas acciones en la Plaza fueron oportunas e importantes en el contexto sociopolítico y lograron involucrar a cientos de ciudadanos de distintas procedencias, la obra -silenciosa- de Salcedo estuvo respaldada por universidades, por intelectuales renombrados y por instituciones públicas y privadas quienes ayudaron a convocar a los voluntarios y a crear una enorme expectativa. Además la obra suscitó varias polémicas en torno a la ética de la artista, su comportamiento y su discurso político. Si bien las tejedoras también fueron respaldadas por algunas instituciones públicas y organizaciones de derechos humanos, su acción fue registrada solamente por un periódico y un noticiero nacionales.

A pesar de la poca difusión mediática de esta acción pública, el evento representó para las tejedoras un hito en su labor por la construcción de la memoria histórica. Por primera vez se reunieron las voces y los tejidos de las integrantes de la Red de Tejedoras por la Memoria y la Vida en la capital del país; una ciudad indiferente y acostumbrada a ver a las víctimas del conflicto a través de una pantalla o mendigando en sus calles. Aunque los tejidos testimoniales no detienen la guerra ni sus consecuencias, sus autoras valoran estos momentos de encuentro y solidaridad, porque es gracias a estos espacios que ellas se reconocen como mujeres visibles con derechos y no como seres invisible destinados a sufrir.


  1. Por buscar fosas comunes, Blanca Nieves Meneses y su hija Nancy Galárraga fueron obligadas a desplazarse tras varias amenazas de muerte en su contra. Antes de que sus cuatro hijas asesinadas fueran halladas, Blanca Nieves comentó: “donde me dijesen allá está en un hueco, allá voy y escarbo”(CNMH 359).  ↩

  2. Según el relato de Nancy Galárraga: “(…) Eso era todos los días que se me acercaban, y yo me convertí como en la intermediaria, la vocera, y les trataba de ayudar y dar valor. Yo hablaba con ellos y les decía que si sabían dónde habían (SIC) más fosas, que hablaran, y si sentían miedo, yo iba hasta la casa de ellos para que me contaran con confianza”. (CNMH 359)  ↩

  3. En poco tiempo este grupo se convirtió en un movimiento civil llamado Campamento por la Paz.  ↩

  4. Una explicación posible es que la noticia sobre la acción pública de La memoria envuelve la justicia, fue eclipsada por la terrible noticia del secuestro, violación y asesinato de la niña Yuliana Sambony en Bogotá por parte de un arquitecto perteneciente a la clase alta bogotana; hecho atroz que ocurrió el mismo día del evento.  ↩

Bibliografía

Arias, Beatriz. Entrevista personal. 18 de marzo de 2017.

Bacic, Roberta. Entrevista personal. 2 de marzo de 2017.

Blu Radio Colombia. “Cecilia Arenas relata la historia de su hermano víctima de falsos positivos”, Youtube, 15 de septiembre de 2016 https://www.youtube.com/watch?v=Sp2ItZSMfn4

Centro Nacional de Memoria Histórica (2016), Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en Colombia, CNMH, Bogotá.

Centro Nacional de Memoria Histórica. Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombiano. Resumen. Bogotá: CNMH, 2014.

Galárraga, Nancy. Entrevista personal. 17 de febrero de 2017.

Girón, Claudia. Entrevista personal. 15 de febrero de 2017.

GMH. ¡BASTA YA! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional, 2013.

Montaño, Esteban. Entre hilos y agujas. Pacifista.co, 9 de abril de 2015, http://pacifista.co/entre-hilos-y-agujas/. Disponible el 1 de marzo de 2017.

Museo de Antioquia. “La vida que se teje”. Vimeo, 11 de mayo de 2016. https://vimeo.com/166271848.

Testigo directo. “Por fin descansan en paz” Youtube, 12 de noviembre de 2010. https://www.youtube.com/watch?v=W8gN18jlqbQ.

Verdad Abierta. “Falsos Positivos, una herida que sigue abierta”, 10 de febrero de 2015. http://www.verdadabierta.com/especiales-v/2015/falsos-positivos/ Disponible el 23 de febrero de 2017.

Verdad Abierta. “Miembros del batallón Malagana fueron cómplices de paras en Mampuján”. http://www.verdadabierta.com/justicia-y-paz/2419-miembros-del-batallon-malagana-fueron-complices-de-paras-en-mampujan, Disponible el 22 de marzo de 2017.


Manuela Ochoa escribe sobre arte y es la curadora de www.oropendola.com.co, la galería digital del Museo Nacional de Memoria en Colombia. Estudió Arte en la Universidad de los Andes, y obtuvo su Maestría en Historia y Teoría del Arte Contemporáneo en el San Francisco Art Institute. Trabajó como co-curadora de la exposición Feliza Bursztyn, Elogio de la chatarra en el Museo Nacional de Colombia, y como investigadora para Laguna Libros y Radio Ambulante. Ochoa vive y trabaja en Bogotá, Colombia.