Discriminación y Control sobre los Cuerpos Queer en las Redes Sociales

Una Carta Abierta de Dissolve a los Spambots de Facebook

Cuando un par de pezones entran en los algoritmos de Silicon Valley—la cuna de la tecnología digital en Estados Unidos—, inevitablemente surgen cuestiones de poder y control: control sobre la circulación de información, sobre la distribución social de las historias, y sobre las maneras en que nos relacionamos con el género y la sexualidad a través de códigos binarios. En últimas, este control es relegado a—y ejecutado por—corporaciones tecnológicas, cuyas interpretaciones subjetivas y amplia influencia les permiten establecer los estándares bajo los cuales percibimos nuestra propia identidad.

Luego del lanzamiento de nuestra última edición bajo el tema de cartografías, uno de los artículos publicados recibió una atención inusual por parte de Facebook. Cuando Halim Badawi compartió su artículo “La memoria rosa” sobre el archivo queer de la fundación Arkhé: Archivos de Arte Latinoamericano (publicado en español y en inglés), recibió una notificación de Facebook diciendo que su publicación había sido eliminada porque parecía spam. La notificación automáticamente le pidió revisar su bandeja de entrada para más información. El vínculo que le ofrecía la notificación, “Por qué motivo se eliminó tu publicación”, explica que, “eliminamos esta publicación porque parece que se trata de spam. Si tú la publicaste y no crees que sea spam, avísanos”. Él, claramente, marcó la opción; no es spam.

Aparentemente, el caso ha sido cerrado, pero aún no podemos re-publicar su artículo en Facebook; nuestras únicas opciones han sido eliminar el artículo o dejarlo como está, con una circulación en cero.

Esta es la primera vez que una publicación realizada por Dissolve o sus contribuyentes ha sido marcada como spam. El artículo e Badawi sigue el mismo formato de otros que hemos publicado durante el último año, de los cuales otros han tratado temas de sexualidad y género también. Partiendo de este hecho, las preguntas son obvias: ¿por qué fue este artículo resaltado? ¿Qué diferencia esta publicación de otras?

 DEL ARCHIVO DE GABY ÁNGEL CALLEJAS. CORTESÍA DE LA FUNDACIÓN ARKHÉ.

DEL ARCHIVO DE GABY ÁNGEL CALLEJAS. CORTESÍA DE LA FUNDACIÓN ARKHÉ.

La publicación original muestra la versión parcial de una imagen, que compartimos arriba, que hace parte del artículo de Badawi: una foto de los archivos personales de Gaby Ángel Callejas, una mujer trans cuyo archivo hace parte de los esfuerzos de preservación adelantados por la Fundación Arkhé. En la fotografía se ven los pezones de Gaby, quien posa para una foto tomada en una fiesta documentada por sus amigas. Los pezones, una parte del cuerpo que ha suscitado controversias repetidamente por su censura pública, confrontan al espectador con el cuerpo trans de Gaby. Feministas, notablemente el colectivo Femmen, han criticado la censura de los pezones femeninos a diferencia de los pezones masculinos normalmente aceptados, así como la hipersexualización y objetificación del pezón femenino en los medios de comunicación masivos.

Facebook tiene grupos llamados “Tetas y Culos” o “Tetas y Culos de Todas Partes del Mundo”, donde, aunque los pezones no son siempre visibles, la objetificación del cuerpo femenino es claramente intencional. Sin embargo, los pezones de una mujer trans, un cuerpo que no encaja en los estrictos estándares de género binarios a los que estamos acostumbrados, no son aceptados, incluso cuando la intención de la imagen no es la de objetificar sexualmente su cuerpo. En la imagen de la colección de Arkhé, los pezones—si nos limitamos a la retórica “biologista” que estas plataformas tienden a usar—son aquellos de un cuerpo masculino y, por ende, no serían usualmente censurados.

Las reglas de los espacios sociales en línea tienden a girar en torno a lo que despierta el placer masculino; cimentan la mirada masculina y reiteran su poder a través de nuestras plataformas sociales. Pero en este caso, el sujeto puede ser visto como una fuente “poco aceptable” de placer masculino. Entonces, ¿hasta qué punto el problema es con los pezones como tal, y no con los pezones trans?

Cuando un pezón trans es mostrado en una imagen, un pezón que no encaja necesariamente en las opciones limitantes de mujer vs. hombre, la ansiedad del colapso de la forma sexista y tradicional de construir nuestro espacio social se vuelve evidente.

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Badawi respondió a las normas de comunidad de Facebook, [1]:

“En Facebook las mujeres sólo pueden mostrar sus senos cuando tienen cáncer o cuando están amamantando a sus bebés, lo que es permitido porque Facebook sigue considerando, como machista de vieja guardia, que la maternidad es el acto superior en la vida de una mujer, el momento en el que desarrolla su potencial máximo, el potencial al que está predestinada por los roles de género tradicionales, por la moral y las costumbres, y que, por tanto, todo lo que rodee la maternidad (amamantar, etc.) es bello en un sentido moral, espiritual. Pero si la mujer quiere mostrar sus senos porque no tiene problema con su cuerpo y porque se considera un igual al hombre, un ser con los mismos derechos, Facebook lo considerará incorrecto y la censurará sin fórmula de juicio. Pues bueno, el debate que propongo es el siguiente: ¿Qué ocurre con los cuerpos que no se ajustan a la línea más tradicional de “lo femenino” y “lo masculino”? ¿Qué ocurre con los cuerpos transexuales, transformistas, intersexuales o andróginos? ¿Qué ocurre con los cuerpos en los que no existe una diferencia biologista tan marcada, tan definitiva, entre teta y tetilla? Este no es un debate cualquiera, es un asunto de igualdad y justicia.”

Además, las normas de Facebook permiten “fotografías de pinturas, esculturas, y otras obras de arte donde se muestren figuras desnudas”.[2]

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En el caso de la fotografía del archivo queer de Arkhé, el artículo de Badawi señala el hecho de que el material de archivo sobre las vidas queer y trans está frecuentemente excluido de las instituciones de arte tradicionales, bajo la suposición de que las sexualidades y géneros no normativos son lascivos y pornográficos. Arkhé es una iniciativa única en Colombia, que trata estos materiales como documentos importantes tanto histórica como culturalmente—como arte.

 COLLAGE REALIZADO POR MADORILYN CRAWFORD. CORTESÍA DE LA FUNDACIÓN ARKHÉ.

COLLAGE REALIZADO POR MADORILYN CRAWFORD. CORTESÍA DE LA FUNDACIÓN ARKHÉ.

La ironía que surge a partir del señalamiento del artículo de Badawi como spam, recae en lo consciente que es su artículo sobre la renuencia en preservar el patrimonio LGBTI por parte de las instituciones tradicionales. No es un reto fácil de asumir. La documentación fotográfica de la comunidad trans antes de la década de los 70 en Colombia, ya es casi una historia perdida. “Las instituciones públicas son fundamentales en la transformación mental del país y deben avanzar en consonancia con los tiempos”, escribe Badawi. [3]

Es fundamental que todos nos enfrentemos a estos estándares, y que recordemos lo que está en juego cuando dejamos que la diseminación de historias e información esté controlada por multinacionales tecnológicas—sobretodo cuando nosotros como artistas y escritores dependemos en las redes sociales para que nuestros lectores y espectadores nos alcancen. Esto es particularmente cierto cuando muchas de estas corporaciones continúan promoviendo la promesa utópica del internet como una plataforma libre, escondiéndose detrás de conceptos que se han vuelto más una estrategia de mercadeo que su misionalidad: libertad de información, neutralidad de las redes, o el reajuste de jerarquías de desigualdad. Esperamos que las plataformas sociales, las cuales median nuestras vidas diariamente a través de una interacción con la pantalla global, entiendan y reflejen los deseos y anhelos de sus usuarios más vulnerables.

Cuando los archivos sociales y culturales de nuestros tiempos se forjan en la economía de las actualizaciones de Facebook—y mientras que nuestro rol en estos sistemas se vuelve cada vez más disociado y los mecanismos tras de ellos cada vez más automáticos y oscuros—Dissolve pide que Facebook atienda las particularidades de las identidades de sus usuarios. Los sistemas binarios y sexistas que han definido nuestro espectro político y social—mujer vs. hombre, hetero vs. homo, bueno vs. malo, democracia vs. el-resto-del-mundo—ignoran las complejidades de la manera en que navegamos nuestra existencia en distintos contextos, en distintos tiempos, y con distintas personas. El problema con este sistema de pensamiento binario es que no acepta la diferencia, así como tampoco genera discusiones abiertas sobre cómo podría articularse la igualdad bajo la aceptación de estas diferencias.

El caso de Badawi no es el único. Es muy similar a un caso resaltado hace poco por la comunidad trans de San Francisco, cuando Facebook exigió el uso de nombres “reales” en su plataforma, negando la existencia de las múltiples identidades que se usan con la familia, amigos, o en el trabajo—especialmente para aquellos cuyos nombres “reales” no reflejan quienes realmente son, o incluso los ponen en peligro. Esta obsesión con lo “real”—usualmente un reflejo de las visiones “biologistas” de lo que es natural y lo que no—normalizan las ideologías que nos separan, frustrando la necesidad de expandir las nociones tradicionales y opresivas sobre el género y la sexualidad.

Compañías de tecnología y redes sociales como Facebook tienen la responsabilidad de abrir públicamente sus procesos de censura y circulación de historias, así como de crear sistemas transparentes y democráticos para la diseminación de esos estándares, creando espacios para las voces y perspectivas de sus usuarios con menor representación.

El artículo de Badawi “La memoria rosa: los archivos de la historia LGBTI” apareció en la edición de Dissolve del otoño 2017: Issue 5: Cartographies. Lo puede leer en nuestra página en Español o en Inglés.


Dissolve es una publicación virtual sobre arte, dirigida por voluntarios. Su misión es ser un espacio abierto donde la crítica y el comentario artísticos sean colaborativos, personales, performativos, inesperados, y divisivos.


  1. Las Normas Comunitarias de Facebook, vistas el 24 de septiembre, 2017 https://m.facebook.com/communitystandards/encouraging-respectful-behavior/  ↩


  2. Desnudez. A veces, la gente comparte desnudos con un fin determinado, por ejemplo, campañas de concientización o proyectos artísticos. Restringimos la exhibición de desnudos para evitar que determinados sectores de nuestra comunidad mundial que muestran una especial sensibilidad ante ellos se puedan sentir mal, en particular, por su contexto cultural o su edad. Para tratar a todos de una forma justa y responder a los reportes con rapidez, es fundamental contar con políticas que nuestros equipos en todo el mundo puedan aplicar fácilmente y con uniformidad al revisar el contenido. Como resultado, nuestras políticas pueden ser a veces más directas de lo que nos gustaría y restringir contenido compartido con fines legítimos. Trabajamos constantemente para mejorar la evaluación de este contenido y la aplicación de nuestras normas.

    Eliminamos fotografías que muestren los genitales o las nalgas en su totalidad y de una forma directa. También restringimos algunas imágenes de senos femeninos si se muestra el pezón, pero siempre permitimos fotos de mujeres amamantando o que muestren los pechos con cicatrices por una mastectomía. También permitimos fotografías de pinturas, esculturas y otras obras de arte donde se muestren figuras desnudas. Las restricciones sobre la exhibición de desnudos y actividades sexuales también se aplican al contenido digital, a menos que dicho contenido se publique con fines educativos, humorísticos o satíricos. Se prohíben las imágenes explícitas de relaciones sexuales. También podemos eliminar descripciones de actos sexuales que sean demasiado gráficas.

    Las Normas Comunitarias de Facebook, vistas el 24 de septiembre, 2017. https://m.facebook.com/communitystandards/encouraging-respectful-behavior/.  ↩


  3. Badawi, Halim. (Otoño 2017). La memoria rosa: los archivos de la historia LGBTI. Dissolve, Edición 5. Sacado de http://www.dissolvesf.org/issue-5/la-memoria-rosa  ↩